"Soy la mayor de siete hermanas y la única que se ha hecho el test para saber si padecerá la enfermedad de la que murieron mi madre, mi tía y varios familiares. A mi madre se la diagnosticaron muy tarde. El médico de cabecera sólo le decía que tenía que adelgazar. Hasta que se cayó y se rompió una pierna. Hubo que llevarla a urgencias y todos vieron que tenía un problema grave. Era obvio para todos, menos para nosostras.
Se le prendía la bata en la estufa de gas. Se golpeaba en los marcos de la puerta.
   
 
Siempre tenía alguna brecha en la cabeza. Yo tenía 15 años cuando le diagnosticaron el Huntington. No sabía de que porras estaba hablando el médico. Pero cuando dijo que era hereditario en el 50 por ciento de los casos... eso sí lo entendí. Entonces te posicionas. Decides no casarte y no tener hijos. O sólo haces planes hasta los 40 años. Yo quería tener hijos. Quería saber si iba a tener la enfermedad.
Empecé a preguntar. Aparecieron las primeras pruebas genéticas, bastante rudimentariasPero decidí echarle valor. Cogí el coche, una nevera y una carta del hospital y me fui a Valencia a ver a todos mis familiares por vía materna para convencerlos de que se hicieran un análisis de sangre.
No tuve infancia. Recuerdo a mi madre siempre enferma, a mi padre enfadado. Yo era la mayor. Recuerdo la bañera llena de pañales... Quería tener hijos, sí, pero que no pasaran por lo que yo había pasado. Me dieron el resultado. Salió bien. De repente se me abrían todas las puertas. Me casé, tuve la parejita. Es cuestión de estadísticas. Y la posibilidad de que ellos la padezcan es del cero por ciento"